El viento enterrado en las nubes,
desde el cielo la luz que urge salir por entre las ramas,
los árboles que caen en mis ojos,
la tarde que se deshace, cada vez más oscura.
Embotellaré estos momentos,
y los beberé cuando me carcoma la melancolía,
no distinguiré lo vivo de lo muerto,
arrojaré sobre mi cama mi cuerpo hecho poesía.
Las letras caen de las paredes,
tu silencio me hace compañía,
la tinta se vuelve mi sangre,
me sumerjo para no sentir la noche fría.
Descoso uno por uno los besos que supe dar,
ahora bailan en mis sueños,
los remojo en ese mar,
del que mis latidos son dueños.
Con cada suspiro nace una canción,
navega el timbre buscando inspiración,
tendidos en la arena se cuecen mis gritos,
se han vuelto desesperados, esparciéndose de a poquito.
Yo quería que mi piel te encontrara,
dormí tantos días imaginando para cuando despertara,
los días se fueron por el buzón,
y jamás recibí una respuesta, menos sé la razón.
Sólo llega la brisa enamorada,
a acariciar mi cansancio,
a apurar la cascada,
que empampa el ocaso.
Donde ya no hay muelle,
donde cae desde el horizonte abismal,
lo que ya no puede,
ser mas que tiempo en un cristal.
14 dic 2010
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