25 nov 2010

Los amorosos - Jaime sabines

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

22 nov 2010

ausencia de luz

Existen entradas sin salidas,
caminos sin orillas,
preguntas sin respuestas,
teorías insiertas,
océanos muertos,
oásis y puertos,
palabras sin letras,
peces sin aletas,
abismos llenos de huecos,
ríos siempre secos,
ojos que no vieron,
barcos que se hundieron,
almas en el limbo,
delirios, espejismos,
intenciones que murieron,
melodias que se deshicieron,
pétalos que se acurrucaron,
noches que se eclipsaron,
suena el saxofón sin músico,
miran al escenario sin público,
hay un telón desteñido,
obra de un amor descosido,
se detiene el tren sin paradas (en el infinito),
se matienen las bocas calladas (en el agudo grito),
el último aliento, en el alivio sin aire,
la puerta del viento, el escape de nadie...

21 nov 2010

Se haga de noche

Apresúrence antes de que estalle la calma en mi alma,
no pasa el río del cristal por la sal de mi palma,
se caen las sombras desde las copas y las sombrillas,
ellos venían, pasitos pasitos, por las alfombrillas.
Asómense a la ventana las luces que contemplen,
no huyan, se escabullan, persigan y sigan, se mezclen,
la trampa me alce, y así yo alcance, tus ojos,
se cierre el túnel, después del perfume, de las serpientes que toco.
Vuélvanse locos, paisajes de rojo, los globos al cielo,
que suene el abismo, te encuentre ahí mismo, en el terciopelo,
del piano que suena, melodía plena, de tu escenario,
cuando te paseas, y caes, mareas, delirio y presagio.
Endulcen tu lengua, de sábana en agua,
lujuria te tenga, en cascada morada,
disfrácense tus instantes, de plata, y arco iris,
contra lúceme, y distíngueme, silenciosa, y no me mires.
Antes del olvido, de la nostalgia, de la lobredad,
del primer aleteo, y el vuelo triste hacia la soledad,
antes de la escafandra que vista la ausencia,
antes del humo y ceniza de la insípida esencia,
del sabor amargo, y el carmesí en la copa,
antes del suspiro en la orilla de la ola.

Un velo cubre el sol al pie del horizonte,
y luego arde, bajo el agua se esconde.
Un cuento vive en un laberinto,
inconcluso, desesperado, perdido, en el recinto.

El árbol se asfixia,
mi carne en él,
él solo mece sus hojas,
hojas que fueran mías,
mía su savia,
sabias sus hojas,
suya mi sangre.

Teresa Wilms Montt

¡Espejo! ¿Por qué me reflejas joven? ¿Por qué
esa burla arlequinesca? Tú ves cómo desfilan por
mis ojos mis vejeces y cansancios; ves como mi
alma atormentada sólo aspira a dormir soñando.

Espejo, tú eres mi hermano gemelo y conoces
mejor que Dios mi vida.

Sabes qué claras purezas arrullaron mi juventud; sabes el entusiasmo de pájaro que tuve por todo lo bello; sabes mi trágica devoción a las leyendas de príncipes encantados . . . Sabes que una música melodiosa y un canto suave me hacían sollozar, y que una palabra de afecto me hacía esclava de otra alma, y sabes, también, que todo lo que soñé tuvo una realidad desgarradora.

He salido herida de la dura prueba, sangrando,
porque he dejado tras de mi pedazos de mi ser.

Tú sabes, espejo irónico, que mi vida no es más
que una larga agonía, con el raro cortejo de risas
carnavalescas.

Acuérdate que el repiqueteo de campanillas, no sólo anuncia fiestas; tras de él suele venir también el carro de los leprosos.

15 nov 2010

pasa

Desfila tu ausencia,
la miro ciega,
nítida esencia.
Se apilan tus silencios,
mudos, callados,
los abro sellados.
Se cuelan los vacíos,
entre corrientes, entre ríos,
eran tuyos, eran míos.
Se traspapela la distancia,
me alejo de cerca,
y aún me falta, no me alcanza.
Arriba el puente de tus ojos,
y desenfoco,
me llueve un poco.

Para qué

Brillan los ojos de otras palabras,
mías, macabras
esas que arden y no hacen alarde,
se comen la verdad,
se hacen sin piedad,
innata frialdad.

Soy, a cada momento,
olvido del intento,
dejo del viento,
sentido del momento.
Al siguiente no resisto.
En el espejo me he visto.
Me quedé mirándome,
me senté esperándote,
hoy canté llorándote,
te pedí perdón, odiándote.

14 nov 2010

Ardo

Rasga porque ya,
no tenía límite,
frenesí qué da,
castillo sin príncipe.

Anestesiada,
desde la orilla,
marejada,
sin pesadilla.

Los pétalos escurridizos,
los pasos quebradizos,
qué lejos,
tus besos.

Querían gritar,
las manos de sal,
los pistilos se rendían,
se bañaban, se caían.

Ata, ya sin más,
era con tabúes,
ama más al mar,
arena que hundes.

Colgada,
desde la nube,
anochecida,
ya no te tuve.

13 nov 2010

Notencuentro

Silencio agónico,
palabras claustrofóbicas,
mudas, desnudas, heladas.
Ese letargo aguerrido,
la duda inapacible,
sorda, terca, hueca.
El sonido desde el viejo árbol,
en su nido nacían para algo,
por abrirse de alas sin paralizarse en una nube,
sin esconderse por no atreverse o un no pude.
Reflejo sin compás,
estático, hacia un cielo
ancho, eterno, infinito.

9 nov 2010

When you're gone

Que caduque la noche,
que sea tenue y enternezca hasta resquebrajarse,
la luz que en sueños solía pasearse.
Que se mude tu roce,
que se acabe la tinta y arrastre hasta deshacerse,
como en la figura que de intenciones solía formarse.

Déjame sin tu voz de silencio,
sin tus palabras que no hablan.
Déjame atrapada en lo inmenso,
gritando a los sordos para que me abran.
Déjame respirar bajo la marea,
sin tus manos que sostengan mi pulso.
Déjame en la obscuridad para que vea,
lo maravilloso de este mundo.

Nunca me despiertes
aún duermo,
y puedo referirme a ti,
sea lo que sueñe,
la pesadilla empieza,
cuando despierto,
y me estoy hablando a mi.