11 jun 2010

De noche

Si entono agudo silencio, y despilfarro mi introspección, si lanzo mi mudez a resonar en la inmensidad, si busco colgada, si me escondo a saltos intermitentes, y corro estática hacia allá. Donde irán mis pies de inevitable andar, volverán quizás siempre al mismo lugar, contará eso talvez como un retroceso. Contaré las estrellas como historias, y jamás se acabará la tinta de mis ideas indispuestas a callar. Pero el papel se seca, se ha añejado, y hace doler el lapiz contra su frajilidad, mientras cada palabra que ya he dicho mil veces es por una vez más intensa que la anterior. Miedosas de hacer destrozos potenciados a mi pulso, inseguros de rimar, imprecisos al equivocar, mentirosos, absurdos, astutos al hacerme creer, que al salir de mi psiquis son desde mi una verdad. Y si cierrome a pensar, en caer o levantar, en jurar o bacilar, en decir o coleccionar, seguirá el sonido haciendo ecos en mi cabeza, los discursos como conciencia de mi actuar con pereza. Mi sufrir cotidiano no es más que polvo en los rincones de este infinito lugar, donde veo las paredes y las toco como redes, pero jamás llego al fondo táctil y visible, mis sentidos llegan al infinito laberinto de desesperación.

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