14 ene 2011

Sí me ves, y aún no me has mirado,
ya me tienes, entre lugares desconocidos y atardeceres constelados,
anocheciéndose, deshaciéndose,
dentro aquello, y lo que arde enamorado.
Es de ti, y desde ti
puede llegar a golpear mi risa,
baila así, levantado su vestido de espanto,
y derrochándolo como brisa.
Cada, uno por uno,
todos esos,
qué puedo compartir con una ilusión,
le puedo sólo llenar de esta y tal impresión.
Se imprimen los días,
en papel de tiempo,
es absurdo, abstracto
pareciera que a ninguna parte irán a dar.
Tal vez debiera beber sabia,
y llorar sobre las flores,
pero nada, ni un latir agudo traiga,
siempre los pies atrasándose, sin forjes.
Renacerán en nuestras espaldas las alegrías que vimos morir,
para decirnos, por tu boca o mis palabras,
eso divino, que hoy se encapulla para sobrevivir.
El humo viajará siempre en distinta dirección,
cada vez que tome el agua con mis manos,
salpicará dispersa,
las estrellas no estarán toda noche donde mismo,
latirá a distintas frecuencias mi corazón.
Podría decir que hay un punto en que ya no late, existe esa fracción,
hay un momento en que soy sorda, no escucho alrededor,
me hundo en el agua y estoy vacía en uno y otro pulmón,
donde no siento nada, no soy nadie, en un resplandor.
Como volver en un temblor,
en una pulsación de sangre,
se dilatan y contraen mis pupilas,
ardo, ardo por tu amor.

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