Sin ir más allá, al llegar a casa, luego de calles frías,hay agüita, hervidor, tesito, o café, a opción personal.
Sin exagerar, cuando nos sentimos cansados,
hay camita, escaldasono, guatero, hasta secador de pelo, a opción personal.
Cuando nos falta lápiz pasta, hay que sólo ir a comprarlo,
se nos pierde un cuaderno y nos lamentamos por la materia.
Cuando cambia la temporada, vamos a comprar lo que necesitemos
siesque, porque muchas veces vamos a comprar lo que queramos.
Cuando nos sentimos solos, estamos en la libertad de acordarnos de quién queramos, en los recuerdos sus gestos, sus caricias, sus palabras, y miradas, nunca mueren.
De no ser, que las dejemos morir.
Y en el presente está esa gente, amigos, enemigos, familiares, desconocidos, que a veces, cuando andamos de suerte, nos recuerdan, que no estamos solos.
Pero, no damos las gracias cuando nos ayudan, damos las gracias cuando nos sentimos ayudados.
Pasamos mucho tiempo dedicados a nosotros mismos, y es aquello lo que termina por iluminar en nuestros pensamientos, el sufrimiento de la soledad.
Y a veces, no queremos saber de nada más, pues todo pierde el sentido, ya que descubrimos que nuestros actos, son consecuencia, y que estos a la vez, traen otras. Y que todo aquello se ve reflejado únicamente hacia nosotros mismos, de esa manera, pues para el otro, tu acto, causa su acto, y ese efecto, trae la consecuencia.
Te das cuenta que para nadie más, es igual que para ti.
Y nos sentimos dependientes de la independencia, y la confundimos sin darnos cuenta con el individualismo.
Y esto a la vez, nos hace ser a todos, en aspectos como estos, muy simplemente parecidos.
Resumidamente semejantes, y a grandes rasgos similares.
Y mutuamente, casi en dominó, nos alejamos, acercamos, buscamos y perdemos.
Como por instinto deseamos más, y dejamos de mirar a nuestro alrededor.
Idealizamos lo que es hasta más hermoso tal como está, y nos enamoramos de el amor en vez de amar.
Dejamos de sentirnos contentos buscando la felicidad, nos cansamos de buscar cegados de no encontrar la verdad, que se escabulle en nuestro subconciente, y no se presenta ni en sueños, porque está nada más y nada menos, que en la realidad.
En todo lo que vemos, oímos, tocamos, por todo lugar que pasamos, por cada fotografía que hace poco supo llover como postal, por todas las huellas que dejamos, y más.
Pero sentirnos tan llenos, nos vacía la imaginación, y nos autoconvencemos entonces de que hay más. Para tener una razón por la cual crear, por la cual llorar, por la cual seguir, por la cual pensar, una que no nos explica la existencia, simplemente la complica, y esa es la explicación, a que este instinto sea la razón, de estar vivos.
Sedientos estamos siempre, hambrientos de descubrir, desesperados por el botón de las respuestas, y la luz de la sabiduría.
Con la sabiduría, el paraíso.
Por otro lado, con el estudio, (o sin él), el trabajo, con el trabajo el dinero, con el dinero el poder, con el poder los desastres, los fraudes, las estafas, los abusos, los anuncios, las portadas, el machismo, y otras cuantas más.
Contra el poder estúpidamente el feminismo, y acabamos en que todo, llega a lo mismo.
Pero yo quiero llegar a otro lugar, y no perderé las ganas tampoco de soñar, ni de buscar.
Me sentaré a esperar si es necesario, y tomaré un café al atardecer,
oiré el ruído del agua caer, de las hojas a raz de suelo,
de el mar en su oleaje, de los árboles en el viento,
correré si lo deseo, si la prisa lo amerita o el impulso
y dormiré si necesito, o me sienta bien.
Escucharé el "te quiero" de mamá,
y responderé con un "yo también".
Me echaré a volar con uno bueno,
o más de uno.
Qué ricos los besos de mi abuela,
el olor de una mañana libre,
lo que cocina mi hermano,
los abrazos que hacen falta y que duermen en las ganas.
Qué bueno es saber que estoy viva,
que es de noche y mañana de día,
que hay estrellas en el cielo,
mil poemas, historias, cuentos
libros, fotografías, cuadros,
y lo incomparable de la música.
Qué alivio que mañana no hay colegio,
y hoy puedo dormir hasta tarde.
Me gustaría estar sentada en un lugar muy alto,
con los pies libres, y expuestos a la gravedad,
perderme en las distancias
y reír como hace bien.
fin

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