Sobra tanto dentro de este corazón, y apesar de que dicen que los años son sabios, todavía se siente el dolor... Creí ser dueña de mis decisiones, y nunca tomé en cuenta las condiciones, que ponían en peligro a cada una de mis canciones, no asumí los riesgos ni las restricciones. Pero no me equivoqué, todo fue correcto y en su debido momento, supe oír al resto que a mi me rodeaba, sin embargo seguían pensando que yo no escuchaba. Eso es mentira, de alguna parte salí yo, no de los gritos de mi madre, o cuando me decían que no. Fue de la causa y el efecto, de vivir como en una pieza de dominó, nunca busqué algún pretexto, y la intuición no me falló. Mil veces con peces tropezé y caí al mar, mientras deseaba fuertemente no hundirme y tampoco resbalar. Escapé a muy lejos, con muy poco, sensuré los espejos, y a mi corazón loco. Me di y frené, volví, seguí y pasé. Fui lo que fui, y donde estuve así fue, a veces dejé que el orgullo me hiciera caer de pie. Pero confié en lo que tenía, seguí lo que creía, y se que el paraíso está en todo lo que encuentro, y que hacer caso omiso es lo que obliga al desencuentro. Que se muera el amor, que se vuelva mujer, que se esconda en una flor, que llore cada amanecer. Que sensible se hagan, los párpados de mi insomnio, que los días que se apagan, terminen en un manicomnio. Así que el viento se confunda, en la inmensidad profunda, de infinitas posibilidades, de mentiras y verdades. El horizonte imaginario, las letras del abecedario, las cosas que veo a diario, lo que se añejó en mi armario. Hicieron de esto el testamento, de mis posibles asiertos, y desde este momento, mis miedos ya estarán muertos. Desalmadas calles con parques sobrios, duele la prescencia de los otros, de los que aquellos no se sabe, siempre encerrados nunca salen. Duelen, enseñan, y te hacen más fuerte, y me desvelan al sentirme a la suerte.
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