28 feb 2010
Caos.
El sueño interrumpido, el cielo encendido, al ver todo moviéndose, al ver las calles cayéndose. Seguían mis pies en tierra, pero inestables, todo se ha vuelto guerra, contra lo impredecible e impensable. Luchamos por la sobrevivencia, imploramos clemencia, pero no existe un dios, ni aquella superior voz. Escuché el viento en los árboles, las hojas al compás, creí que todo terminaba, y le dije a mi alma: a dónde irás. Pero los desastres asesinos, consecuencias confabuladas con los distintos destinos, la reunión por el vecindario de todos los vecinos, los que se fueron y que no vimos. Dejen de preocuparse, ocúpense, basta de aterrorizarse, libérense. Ahora cien almas vuelan, y más vale sostener las nuestras bien fuerte, ahora los hombres velan, por leyes de la vida y la suerte. Tierra madre de la naturaleza, déjame beber de tu fuente, del agua de tus frutos, no dejes que me encuentre. A veces mis pasos se echan a correr, y los busco dónde sólo mis ojos pueden ver, y no hallo más que misterios caducando y delirando, dibujando huellas viejas que en el mar se van borrando. Furioso, hermoso y peligroso, perfecto para huir, de una vez por todo de este infierno, y bajo el agua mi alma hundir. Dejar fluir el tiempo espacio, la causa el efecto, olvido y presagio, lo exacto e imperfecto, la razón y lo que ya no tiene vuelta ni caso.
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