25 abr 2010
Con esa imprecisa insatisfacción
Soy la mentira en su detalle más doloroso y silencioso, destellos de apagados caminos llevan mis emociones al cansancio y se transforman como agua en fríos deseos suicidas. Solía creer que para amar debía doler, que para sonreír debía sufrir pero el dolor y sufrimiento parecen sólo cicatrizes que han quedado desde que ya todo se me ha vuelto irreal. No doy mayor análizis a mis macabras ideas de satisfacción, el enojo es el humo que pide a mi cuerpo defensa que nada mejora, pues el malestar me agrada y así mi masoquismo aflora, y así mi rabia se consuela y llora. Mi putrefacta mirada arroja pasajes a mi invisible corazón, mi sangre carmesí que implora desde mi, ahogarse por mis labios, hundir la dureza inexistente del suelo que aparentemente es la única prueba de que la lógica es una sola en su variedad. Le tomo la mano a las sombras que parecen caer de la copa de los árboles para volar por sobre mi, o arrastrarse hasta oscurecerme en miedo. Pero mi tacto ni en su máxima agudez siente algo más que escalofríos. Los mountros que hace tiempo salieron del río, ahora impacientes gritan retumbando hasta en el más mínimo espacio dentro de mi ser, oigo sus pasos aturdiendome el oído, siento sus uñas asqueándose de mi piel, evitando su forma y olor, desgarrandome en palabras que no dicen más que mudos recuerdos desenterrándose. Está todo en su lugar, pero ni en el más absurdo sueño estoy simplemente yo. Me he convertido dolorosamente en un escudo de soberbia, crueldad, repulsión, temor, desesperanza, risa, burla, desmotivación, y melodía delirante. Ya no veo nada tras tal escudo, es por eso que ni en mis propias creaciones soy más que un deseo apagado, desvelado y crudo.
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