En blanco vacío profundo,
en barco al azul del mundo,
se asfixiaba mi voluntad,
era un alma seca a falta de libertad.
La misma melodía idiota movía las casas,
los mismos cantantes estupidizando las masas,
bajo la tierra escondía mi cálido laberinto,
no conocía la intemperie, se reducía a mi secreto recinto.
Las flores florecían, las mañanas amanecían,
los bostezos abrían los puños en su individualidad,
y bajo la tierra sólo se oían,
pasos del rocío por sobre la putrefacta ciudad.
Los camiones, las veredas, artesanías varias, ruedas
comerciantes, estafadores, charlatanes, perdedores
pobres, ricos, grandes, chicos,
apurados, preocupados, pueblerinos, santiaguinos,
burbujeantes, despectivos, hay triviales, introvertidos.
Llegó el globo con su aeroestaticidad,
levantó el suelo de un tirón y lo puso de revéz,
ahora arriba el suelo parece no tener la misma elasticidad,
que las nubes que me ocultan por si ellos pasan y tú aún no me ves.
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