3 jul 2010

Insomnio

En el entretecho viven pasos muertos haciendo ecos que atraviesan, supongo, mis sueños. Depronto soy los pasos esparcidos por esa baja estructura y me aterrorizo de el terror de aquello que descanza en esas sábanas, y no consigue parpadear escuchándome. De día se olvidan y así mi ruído no se escapa de mi. Así me paseo y no me sienten, así los veo cuando lloran y hasta cuando mienten. Así también descubro alfin que ya la forma he perdido, así me aseguro que eso que veo con relieve no tiene cuerpo ni latidos. Así las almas que cuelgan del cielo razo, cuando anochece, salen de esos globos sin aire ni agua. Y toman sombras en las paredes, y se agitan intranquilas. Yo no quiero ocupar sus lugares, pero a veces es tanto el miedo que sacrifico sus emociones. Aunque de todos modos nunca pasa nada, como si hubiese un hilo muy fino separando nuestras naturalezas, al encontrarse con algo de nosotros se petrifican y a veces hasta nos rezan. Pueden aterrarse, huir, exigir, callar, intentan decir cosas, jamás alguien las ha entendido, hasta encandilan con su manera, solucionan casi todo a chillidos. Y en el entretecho soy sus trastornos, si no soy culpable de cuando me escondo, ellos tienen teorías y libros sobre nosotros, yo no entiendo nada, ellos tampoco.

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