30 jul 2010
Kilómetros en picada
La rabia cegó mi intención, me hizo no decirte tanto, me hizo enojarte, con lo que mutó luego de ser llanto. Como si aquí no hubiese nada que pudieras tú encontrar, te vas y yo muda, con la expresión camuflada, con palabras vacías y crudas, cecas de callar. Hoy he dolido demasiado, y me impotencia todo deseo, porque me desalman estos gritos desesperados, porque te veo, y no te veo. No oigo mucho más que lo que me habla por la sangre, tantas lágrimas desintegrandome hasta sentirme un enjambre. El viento enfría mis respiros, es entonces cuando torpe me deshago y como el vidrio bajo el agua me hundo y te miro. En el fondo de estos huracanes, están mis zapatos voladores, que suelen llegar hasta ti, cuando desvisto cada uno de mis lamentos y temores. Lanzo vistazos hacia la luna, bailo mientras ésta se hace cuna. Cuando está redonda su lupa metálica se acerca a tus gestos, salto pero caigo cada vez desde más altura, en la luna nublan los detellos a donde van mis horizontes, donde no te encuentro. Suenan timbres, autos, voces, yo quiero escuchar tus silencios, habla el tiempo entre cadenas y cuerdas por mi cuerpo, me acuesto en tu pecho y hasta te beso, cuando de ellas me suelto. Cómo un lugar tan grande sabe atrapar tan insignificantes impulsos, cómo es que sigo yo aquí, y aún sabiendo que no estás, te busco. La ridiculez, mis descordinadas emociones, cuando como un pez, el agua en la pecera son angustias eternas, son desastres y boca arriba, me aguanto en las tensiones. La luz artificial que alumbra los pasillos, donde yo corría y me reía de lo real, y eran verdad esos ilusos caminos. Te regalo esa niñez que vive para ti en mis recuerdos borrosos, te los guardo a ver si así, pueda ser algo que te convierta en mi sonrojo. Viajes contra la gravedad hasta que llegues a mis margaritas, burlarnos de la necesidad que siento cuando tú palpitas. Perdona a este vientre de mariposas marchitas, que tiemblan al verte, y luego se desquitan. Mi piel esta triste, melancólica, indispuesta, desde que te fuiste, yo estúpida, no di mayor alerta. Ya te echan de menos mis agónicas ideas, ya me desespero porque quiero que me creas. Inútil es contarte cuando tu instante fluye por allá, no sirve lamentarme ni anhelarte desde acá. Quiero haya un cajón, entre tan grande universo, a donde vaya cada uno de estos desabridos versos, decirte yo un montón, más cuando el silencio sea un lugar perverso. Y que alguna vez llegue a tomar tanto peso, y al caer que te bañe en lluvia que acá moja, para que todo de ti absorva lo amargo que es eso, de que hay días como estos que de tanto pensarte el corazón se me despoja. Soy lo que está invisible en ti, lo que no quisiera fuera sólo así, talvez soy el sueño, tu inconciente frenesí, tal como lo eres tú intrinsecamente para mí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario