El dolor espeso disperso por los nudos anidados en mi garganta,
el aceite que se enrreda en el limón como las venas de confusión,
como la piel debajo de los huesos,
como los ojos bajo el nervio óptico.
La mirada que siente el sufrimiento,
la palabra que calla en el silencio,
el oído que grita muy adentro,
la respiración que viaja en el espacio y tiempo,
la impresión de que todo se mueve y nada es sierto.
La pérdida de cosas que nunca se han tenido,
el vacío de siertos momentos por no haber sentido,
el olvido de recuerdos despegados de la imagen que no ha vivido,
y las manos tras los codos estiradas al cielo al que no pido.
Las montañas de caderas, cuando me deprimo de lado en mi cama,
y esa frustración desesperada que mueve mis pies,
y se hacen miles, pequeñitos, recorriendo mis más horribles ideas.
La inocente sonrisa que se quemó en el rayo de sol que quedaba,
que por la rendija en el fin del laberinto se reía y asoleaba,
las caídas a un asfalto que no hizo falta,
la gravedad interpretada como el peso sobre la espalda,
la mentira que abusa y luego asalta nuestra confianza,
y la desconfianza disfrasada de inseguridad,
y las dudas a un centímetro mas cerca de la mentira y más lejos de la verdad.
Las espinas como besos,
las historias como rezos,
pesos, que cargan de ser,
y esos, pocos hechos, que nos hacen crecer.
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2 comentarios:
mmm no me gusto taanto al momento de leerlo, pero es muuy bonito al entenderlo, supongo que lo habré entendido bien jajajajja (L) casi tan lindo como vos jajaja
de todos los que leí una vez que me abriste las puertas de tu casa en el aire, tomo éste sólo por tomar uno. Eres buenísima.
Mauricio
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