Susurro suave emergiendo desde frustraciones,
y recorro las vacías imágenes,
la melodía precisa, e imprecisa insatisfacción,
mientras bagan las horas crueles.
Llora la obscuridad, y recorre la casualidad,
el destino ingrato, el vino impaciente,
la belleza de cada una de tus palabras,
el constante alarde de lo que arde por, que tú me abras.
No desaparece el cajón aquello,
y cuando no me aguanto eso sucede, y es por ello,
que no desvanece el bajón de anhelar,
cada trozo que no sabe ser polvo, lo puedo mirar.
Veo a través de la línea imaginaria,
ahí me sonríes y me llamas candelaria,
creo que una vez tuve la llave,
pero ahora asumo que tú te sabes la clave.
Me quedaré un rato colgada,
oyendo el ruido del río,
y se escurrirán por mis ojos las hadas,
que te salen a buscar por el frío.
Ahí estás, en todos lados menos aquí,
nunca te vas, y nunca llegas a por mi,
suenan las piedras en silencio,
y es hasta ridículo sentir que te siento.
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