Los ojos deshechos de tanto llorar,
la cara pintada, hundida en el mar,
subiendo en picada por la inmensidad,
hasta el infinito entre el bien y el mal.
Reflejos borrosos queriendo gritar,
ceguera en el rostro por descascarar,
y se seca la hoja del tiempo,
y se vuela y no respira en el viento.
Los pies que se ensucian por tanto andar,
las manos perdidas, el cielo tocar,
y quieren las sombras hacerse escuchar,
ya más se hace honda la herida de amar.
Cavando huecos en ningún lugar,
sacando del centro del sol el brillar,
opaca el sentido, se hace de rogar,
se empuñan los nidos, de tanto piar.
En el cero a la izquierda lamentar,
en el pero, la mierda escusar,
las raíces naciendo, haciendo una fila
la torpeza que se apoya, se descarrila.
Suspenso bailando tango en la luna,
la muerte mutando entre la espuma,
el miedo, el secreto, la intriga, la duda
el tornasol canta, la letra está muda.
Oasis con sed, la vida en la semilla
paraíso al revés, como sin salida
la boca ya seca de tanto desear,
el flash en el sueño que no ha de cambiar.
Y haya destellos como espejos de sal,
oye el vacío, paralelo cristal
huye el río de piedras llevar,
trae el frío el anestesiar.
La silla en el árbol no sabe bajar,
la alfombra añeja de tanto esperar,
de volar en estrellas hasta obsesionar,
y mirar cosas bellas que algo sabe tapar.
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