Quisiera delirarte, escucharte
que mi cabeza te sepa,
quisiera olvidarte, borrarte,
pero nuestra naturaleza es de la misma cepa.
Claro, yo te muestro,
enmudezco para indicarte el cielo,
claros los colores, sonidos
y obscuros rastros de ausencia.
La fiebre de mis días disueltos,
y esta innata melancolía,
ambas pasando desapercibidas,
ambas exentas de razonar.
Ahora que, el yo disperso:
se anula, se aturde.
Y ahora que cuando te hablo me inspiras...
Nacerá mi alma mil veces,
descansará en ese acuario,
menstruará entre los peces.
Ven a acariciarla un momento,
háblale del árbol, la rosa, el cuento.
Ve desde mis ojos lo invisible,
llega hasta el fondo irrompible.
Así, apoyo mis párpados en tus palabras,
aprieto las manos, mientras me hablas.
Busco tu olor entre tanta confusión,
abro la mirada, se cierra el telón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario